El daño de consumir refresco y las recientes regulaciones en México

El daño de consumir refresco y las recientes regulaciones en México

Por Romina González

 

Es un hecho que tomar refresco afecta la salud. Numerosos estudios científicos nacionales e internacionales han encontrado que las personas que frecuentemente consumen refrescos, pueden desarrollar obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal crónica, caries e incluso, algunos tipos de cáncer. Esta información no es nueva, sin embargo, el tema de las enfermedades crónicas ha cobrado mayor relevancia hoy en día. La actual pandemia del coronavirus ha puesto en evidencia que la mayoría de las muertes por COVID-19 en México ocurrieron en personas que presentaban de una o más enfermedades crónicas, aún en población relativamente joven. El coronavirus enfocó la atención del gobierno a la carga de enfermedades crónicas que se ha ido incrementando en el país desde hace varios años.

 

Si bien, las enfermedades crónicas tienen diversas causas, los hábitos alimenticios tienen un impacto importante. Dichos hábitos alimenticios son promovidos por el ambiente obesogénico, especialmente en las poblaciones más vulnerables. La población está expuesta a una basta promoción de refrescos y otros alimentos ultra-procesados dirigida a menores de edad y adultos. La publicidad televisiva que se observa en horarios familiares, los anuncios por internet y redes sociales, así como los personajes en los empaques de bebidas y alimentos ponen como blanco fácil a la niñez y adolescencia. Por otro lado, la amplia distribución de puntos de venta en diversas regiones del país y los costos accesibles de dichos alimentos favorece el consumo en las personas de bajo nivel socioeconómico y educativo. El ambiente obesogénico ha influído a que México ocupe los primeros lugares de consumo de refresco a nivel internacional.

 

Desde la salud pública, se sabe que el cambio de hábitos alimenticios no debe ser responsabilidad solamente de los individuos, debe ser un acto de corresponsabilidad en conjunto con los gobiernos. Desde el 2010, México implementó la restricción de publicidad de comida chatarra para niños, sin embargo esta estrategia no tuvo el éxito esperado. No obstante, hubo otras intervenciones que han contribuido a la reducción del consumo de alimentos y bebidas no saludables. En 2014 se prohibió la venta de alimentos y bebidas chatarra en las escuelas públicas y privadas, además, se impuso un impuesto especial a las bebidas azucaradas para toda la población. En pleno 2020, ha surgido el nuevo etiquetado de advertencia en alimentos y bebidas ultra-procesados. Un estudio reciente realizado por Instituto Nacional de Salud Pública de México encontró que el nuevo etiquetado puede reducir 1.3 millones de casos de obesidad en los próximos 5 años.

 

Días atrás, Oaxaca proclamó la prohibición de venta de refrescos y otros alimentos ultra-procesados a menores de edad. Es una gran iniciativa para reducir la obesidad en niños y con ello, futuras implicaciones en su salud en la etapa adulta. La iniciativa de Oaxaca es un esfuerzo local que puede ser replicable en otros estados, incluso llegar a ser política federal, justo como se hizo con la restricción de venta a menores para cigarros y bebidas alcohólicas. Se tendrá que aprender de la experiencia de Oaxaca, en especial de la forma de afrontar algunas barreras. Para que la restricción de venta funciones, las personas adultas deberán tener conciencia de las ventajas que conlleva una alimentación saludable a largo plazo. Es necesario que la población tenga acceso a información sobre alimentación y estilos de vida saludables para reemplazar al consumo de bebidas y alimentos ultraprocesados, que haya disponibilidad de alimentos saludables en su zona de residencia y que los precios sean accesibles. Un complemento que puede ayudar al éxito de esta prohibición es la nueva materia de Educación en salud que se ha incluido en la carga de materias del nuevo ciclo escolar por la Secretaría de Educación Pública.

 

El refresco y otros alimentos ultraprocesados afectan la salud, con ello la calidad de vida y el bolsillo mexicano. La pandemia del coronavirus ha mostrado la vulnerabilidad de la población mexicana ante las enfermedades crónicas. La buena noticia es que México está tomando cartas en el asunto a nivel de políticas públicas. Las estrategias planteadas para reducir el consumo de refrescos y otros alimentos ultra-procesados, lejos de afectar al sector industrial, los invita a reformular los contenidos nutricionales de sus productos, priorizando la salud de la población. El objetivo de las nuevas regulaciones es reducir y eliminar el consumo de refrescos y otros alimentos ultra-procesados, además de concientizar a la población sobre sus elecciones de alimentación para prevenir enfermedades crónicas. Es una responsabilidad a nivel de gobierno derribar las barreras socioeconómicas de acceso a alimentos saludables, promover las campañas de educación en salud y continuar con la vigilancia e implementación de las políticas públicas de salud. 

 

Romina González Morales. Psicóloga clínica por la Universidad Latina de México y Epidemióloga por el Instituto Nacional de Salud Pública. Investigadora en temas de impacto de las bebidas azucaradas en la salud.

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