Sin Miedo A Nada

Sin Miedo A Nada

Por mucho, Ana Barrón es una de las mujeres con más poder en la comunicación en San Miguel, y éste lo ha usado para que las causas sociales de los más vulnerables sean vistas, y escuchadas para que reciban la respuesta suficiente y reciban solución. 

 

La energética Barrón navega entre los eventos sociales, pero también ha tenido sus experiencias macabras al encontrar un cuerpo embolsado y arrojado en el campo, cuando ni las autoridades pudieron hacerlo; y si habláramos de los eventos más recientes, puede “presumir” que estuvo en medio de las pedradas entre la policía estatal antimotín y los habitantes de nuevo Pantoja.

 

Barrón estudió comunicación, y ha ejercido el periodismo los últimos 15 años. Es un modelo a seguir en los círculos que se moviliza. Cuando llega al lugar de la noticia, niños, jóvenes, y adultos  la saludan con respeto, con admiración, con alegría; le piden una foto tal vez, o le piden que diga su firma, como en las notas audiovisuales “para el sistema informativo de T.V. Independencia informó, Ana Barrón”. La periodista reconoce que la gente sabe su orientación sexual, sin la necesidad de decirlo pues está implícito. Además entre risa comenta: “no soy muy femenina que digamos”. La extrovertida Ana (Anita) Barrón contó para Atención su historia. 

 

Nació en Ciudad de México. Sus abuelos tenían conexión con Dolores, Guanajuato, y San Miguel. Así que un día, su mamá decidió traerla. Aquí creció al lado de su prima, aunque cuando tenía cinco años cruzó ilegal a los Estados Unidos. “A mí me dijeron que me hiciera la dormida. Pasé con papeles chuecos. Vivimos en Corpus Christi,” comentó. Y es que su mamá siempre quiso que su hija tuviera lo necesario. En Corpus Christi—entre un recuerdo vago, vio a Selena Quintanilla en un concierto. Pero no era feliz, estaba deprimida, extrañaba a sus tías, a su abuela, a su familia. “Recuerdo que mi mamá me llevó a la casa donde trabajaba. Se descuidó. Empaqué mi Barbie, un peluche, y dulces. Mi prima siempre me dijo que atrás de las montañas azules estaba Estados Unidos. Mi lógica allá, me decía que atrás estaba México. Así que me fui”. Claro que luego la encontraron. Su mamá renunció a una propuesta de matrimonio, porque Ana estaba deprimida—ése fue el diagnóstico—debían regresar a México, y así fue. 

 

“Desde niña sentía atracción por las niñas—pero eso era incorrecto—y también por los niños”, indica Anita; y luego viniendo de una familia católica ¡no, imposible! “Pero los gay están bien involucrados en la religión, en las procesiones, y si vemos el Santo Entierro, todos los gay aparecen ahí, porque somos devotos”. 

 

Cuando Barrón estaba en la Universidad, era la única niña que, sexualmente no se había involucrado con nadie, por la religión. Recuerda que fue a 100 mil jóvenes por Cristo al Estadio Azteca. Ahí separaron a personas como ella, aún sin pecado. “Hice un pacto con Dios, no tener relaciones hasta el matrimonio. Nos pusieron un anillo, y nos dieron un texto que debíamos repetir cada que tuviéramos pensamientos pecaminosos,” rememoró la periodista. 

 

En la universidad, sus preguntas fueron muchas, la curiosidad suficiente. Tuvo un novio, y rompió su pacto con Dios. Luego, el posible amor tocó a su puerta. Una mujer fue a su casa, le hizo una declaración de amor, pero Ana dijo “no”. Hasta que aún en la universidad, a través de una amiga, conoció a su actual pareja, con quien ha compartido su vida los últimos ocho años. 

 

Y fue complicado. ¿Cómo decírselo a la familia? ¿Qué dirían? ¿La aceptarían? ¿Pero qué más daba, si tal vez lo sabían? Gaby ya le había dicho a su mamá, y papá. Y como siempre, el mayor apoyo vino de la madre. Anita se lo dijo a su tía—con ella, cuando su mamá se fue, Ana se quedó desde los 12 años. “Te amo, te voy a apoyar. Siempre la felicidad es primero, y debes buscarla”, y la verdad es que era un hecho implícito (su orientación), aun así debía decirlo. Tuvo el apoyo más tarde de toda la familia, y de su primo, que antes le había dicho que era gay. “Mi mamá se enteró, no por mí. Quiso darme un sermón, pero no era su lugar” mi tía me había visto crecer. Luego con el tiempo lo asimiló, lo aceptó, estamos en buenos términos”. A los pequeños, se le ha ido contando poco a poco, pero la familia lo sabe, lo acepta, lo apoya. 

 

Aunque Ana y su pareja no hacen demostraciones de afecto en público, sabe que lo puede hacer, sin embargo se contiene, no quiere recibir un mal comentario. “La intimidad, es eso, intimidad. De hecho no hacemos demostraciones ni siquiera frente a mis amigos. Poco a poco he ido soltando. Procuro no vulnerarnos, no quiero pelear ni vivir momentos desagradables. Pero eso fue el pasado, ahora vivimos en una sociedad más abierta, que abraza la diversidad, sin embargo todavía hay quienes se resisten a ver la homosexualidad como algo natural”. 

 

“Los gay no son moda, siempre han existido. Pero ahora con las libertades que existen, florecen a más temprana edad” sí remarca Ana. Por otro lado, sobre leyes que protejan a la comunidad LGBT, indica que las leyes que ya existen, deben cuidar a todos como hombres, o mujeres—como seres humanos. “Debemos entender que más que un grupo, somos seres humanos. Lo único que sí debe cambiar es el Código Civil para el Estado de Guanajuato. Si pudiéramos casarnos, entonces nuestra pareja puede tener beneficios, como la seguridad social, por ejemplo. Pero eso, no va a cambiar en el estado por el partido conservador (PAN) en el congreso. Incluso la iglesia se ha actualizado. Los homosexuales participan en las liturgias, viven su fe acorde a lo que sienten. Si tienen novio o novia no debe impedirles estar cerca de Dios”. 

 

Finalmente, a los gay que no han salido del clóset la periodista—que se autodefine bisexual—les dice “primero debe asimilar que es gay. Que se acerque a los círculos donde no esté vulnerable. Es más grave reprimir los sentimientos. Son una bomba de tiempo que explota, y entonces puede dañar a otras personas; por ejemplo quienes se casan, tienen hijos, y luego salen del clóset, dejan en la cuerda a sus parejas, e hijos. Antes de lastimar a gente (y a ellos mismos) por miedo, que definan lo que quieren, y ser honestos con ellos mismos, antes de seguir una vida que los demás quieren—o nosotros creemos—que así lo quieren”, finalizó. 

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