Comercio y familia en el tiempo del Covid-19

Comercio y familia en el tiempo del Covid-19

 

 


Por Jesús Aguado

“El último día que fuimos a vender, se vendió una gordita, y como diez tamales, y diez atoles. Entonces pensamos, si la situación va a seguir así, entonces tendremos más pérdida que ganancia. Tal vez vendimos 500 pesos. La comida podíamos consumirla al siguiente día, pero lo demás debía tirarse”, dijo para Atención Paloma Espinosa.

Consuelo Ramírez comenzó a vender gorditas, tamales, y atole en calle Insurgentes, en 1963. Su nieta, Paloma, rememora y comenta para Atención “tenemos más de 60 años vendiendo—mis tías y mi abuelita. Al inicio, hacían 20 gorditas, 50 tamales, cinco litros de atole de cada sabor (chocolate, guayaba, natural) pero la producción fue subiendo más y más”. Lo que sí, es que ahora aunque la situación es dura, la familia está tomando el tiempo como un descanso.

En 1980, todavía la familia vivía en colonia San Rafael, que eran las orillas de la ciudad. Luego, pudieron comprar una casa en Homobono—pero nadie quería irse a vivir a la nueva casa. Para ir a vender, estilaban cargar (desde la San Rafael) las cubetas con atole, o tamales, en burro, pero no el tradicional animal, sino un palo que se atravesaban las personas entre cuello y espalda, y en los laterales ataban los botes. Ya fue hasta 1980 cuando en la época de los “paracaidistas”, aquellos vividores que llegaban y comenzaban a habitar propiedades abandonadas, cuando parte de la familia decidió mudarse a la actual casa “desalojamos a paracaidistas dos veces” comentó Paloma.

El edificio tiene tres niveles de construcción, divididos en unos 780 metros cuadrados de terreno. Hay cochera amplia—con capacidad para hasta 10 carros. La casa cuenta con los servicios básicos—suficientes para una familia mexicana tradicional—piso, agua, electricidad, cablevisión, internet. Aquí viven 11 personas, divididas en tres familias. Cada una con rutina, cocina, sala y comedor distinto

Antes del Covid

La rutina era intensa—comenzar desde las 6am a trabajar, y terminar hasta las 12am. El nixtamal (para el atole, los tamales y las gorditas) se llevaba al molino en colonia Allende; al regresar a la casa con la masa; se preparaba el desayuno. Posterior, comenzaban a prepararse los guisados que acompañarían a los tamales, o a las gorditas a las brasas. Cocer los jitomates, los chiles; la carne… Hacer las salsas, vaciar, llenar, sellar, transportar, preparar el maíz para el siguiente día, y llegar al puesto en Plaza Zaragoza, donde los clientes se iban hasta las 12am.

Luego cuando el gobierno municipal impuso las medidas para mitigar el contagio por Covid, el puesto únicamente podía estar abierto hasta las 9pm; y además la gente ya no salía. Una gordita se vendió el último día en que la familia trabajó.

Paloma es profesora, estuvo trabajando desde casa con los estudiantes, en línea; y sí reconoce que llevaba todo el día, pues debía dar respuesta a cada alumno que no pudiera manejar la plataforma. Su hermano es profesor. Su mamá es profesora retirada. Los tres han continuado con salario íntegro. Su papá tiene un negocio de comida que opera los domingos—combinado con la herrería que, ahora que no ha llegado metal, importado de China, comenzará a detener trabajos.

 En su familia, la más impactada será su hermana, quien trabaja en repostería. “En el lugar en que labora les han reducido los días de trabajo hasta 50 por ciento; y de hecho para pagarles un salario completo les pidieron que tomaran sus vacaciones. Ella será la más afectada en esta situación” iba a ir a la playa en mayo, y ya no podrá tuvo que cancelar pues ya no podrá tomar vacaciones.

Sí había varios proyectos en la casa: pintar una pared, restaurar la cocina, restaurar una habitación, detalles de los que se dice “mañana, la siguiente semana, cuando tenga tiempo”.

Durante el Covid

Paloma reconoce que la situación es complicada, “y se va a escuchar mal, pero la verdad es que nos estamos dando un descanso. “Mi tía Rosario llevaba levantándose diez años a las 6am. Ahorita se levanta a las 7, 8, o 9 de la mañana. “Hemos ordenado lo pendiente. Resané una de las habitaciones que rento; remodelamos la cocina de mi abuelita. Pinté mi habitación…”

Paloma también comenta que económicamente no ha sido tan mala la situación, lo que sí es que había dos personas que ya dejaron los estudios que rentaban. Dos estaban trabajando en un restaurante (mencionó el nombre), sin embargo al momento del recorte, fue a los primeros que decidieron despedir. Otro de los renteros, trabajaba en la administración del hotel (mencionó nombre), y a ellos les recortaron su salario hasta 30 por ciento. Él decidió regresarse a Sonora hasta que le vuelvan a llamar, ahí pegó un poco la economía. Sin embargo, mi abuelita y tía siempre han sido ahorradoras.

Paloma sí está preocupada por cómo vienen las cuentas el próximo mes, pues se usa más el agua, la electricidad “cuando estás en la casa, no entiendo, pero comes más” menciona entre carcajadas.

Por ahora, se mantiene ocupada entre Netflix, Youtube, Clarovideo, Amazon Prime, libros de finanzas. Ha hecho limpieza en la bodega, de hecho encontró libros que aún estaban en su empaque. Quiere descansar una semana, y luego se inscribirá para cursos en línea, seguirá leyendo sus libros de finanzas, hasta que venga el regreso a clases que, como profesora, augura que continuará virtual.