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La directora Deepa Mehta, en corto
Por Jesús Ibarra
| “No me veo a mí misma como controversial o feminista. Sólo filmo historias que me atraigan”, dijo la directora de origen hindú Deepa Mehta durante la conferencia maestra que ofreció el pasado domingo 20 de julio, en el Teatro Ángela Peralta durante la 11ª entrega del Festival Expresión en corto. |
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Mehta es considerada por muchos como la voz de una nueva India por retratar en sus películas los abusos de que es víctima el sector más vulnerable de la sociedad en la India, especialmente las mujeres.
De la India a Canadá
Mehta nació en Amritsar, Punjab, al norte de la India, en 1950. Menciona que ella creció con las películas pues su padre era distribuidor y exhibidor de cintas. “Empecé a ver películas a la edad de seis años y nunca dejé de hacerlo”.
Sin embargo, la realizadora dice que su niñez entre películas inicialmente la llevó por un camino opuesto. Se sentía harta del cine y desconfiaba de su impredecible dependencia en el comportamiento de la taquilla, por lo que decidió seguir una carrera académica y se graduó de la carrera de Filosofía de la Universidad de Delhi.
Más tarde, irónicamente, se vio trabajando en un estudio de filmación que hacía documentales para el Ministerio de Radio e Información en la India. “El primer filme que me encomendaron hacer fue un documental sobre una niña de 13 años que va a casarse. Hice tres documentales mientras estuve en la India”, dijo Mehta.
Deepa emigró a Toronto, Canadá cuando conoció al productor canadiense Paul Saltzman, con quien se casó en 1973. “No me afectó el hecho de dejar mi hogar, puesto que yo sentía que iba a Canadá sólo de visita. Aunque había yo viajado mucho, era mi primera vez en Canadá, y como llegué en enero, mi primera impresión fue que hacía mucho frío. Tampoco fue un choque cultural pues Canadá es un país con gente de diferentes culturas y razas. Es muy cosmopolita y no me sentí rara de ser una hindú en un país extranjero”.
Sus primeros filmes
Mehta ganó un premio en Cannes en 1991 por su primer largometraje Sam y yo. “Me sentí sorprendida, pero yo siempre me siento sorprendida. De hecho, estoy sorprendida de estar aquí”, dijo. También dirigió algunos episodios de la serie Las Crónicas del joven Indiana Jones, invitada por el productor y director norteamericano George Lucas. “Recuerdo haber estado en Londres en le Festival de Cine de Londres. Acababa yo de regresar de la exhibición de Sam y yo. Sonó el teléfono y lo contesté. Una voz de hombre del otro lado de la bocina me dijo: “Hola Deepa, habla George Lucas”, y le dije: ‘Ah si, claro’, y le colgué. Volvió a llamar y me dijo ‘Es en serio, soy yo’. Quería invitarme a dirigir un par episodios de la serie El joven Indiana Jones, lo que fue una buena experiencia que me abrió otras puertas”.
La siguiente cinta de Deepa fue Camila, con Jessica Tandy y Bridget Fonda. “Jessica Tandy tenía 85 años y me dejó una gran enseñanza. Con Jessica empecé a aprender el lenguaje que necesitaba yo usar para hablar con los actores. Me hizo entender que uno no puede sólo decirle a los actores lo que uno quiere que hagan. Necesita uno darles la explicación de por qué quiere uno que hagan determinada cosa.”
La trilogía de los elementos
Camila fue un fracaso en taquilla y Deepa se vio sin trabajo y sin siquiera un agente que quisiera representarla. “Incluso conocí uno que dijo ‘simplemente no tienes estilo; no hay un estilo definitivo en tus películas; no podemos representarte.’ Siempre había querido escribir los guiones de mis películas para poder controlar lo que realmente quería yo decir. La idea vino con Fuego, que para mí es una película de elecciones, o sobre la carencia de elecciones para una mujer”.
Mehta escribió el guión de Fuego y ella y su productor David Hamilton reunieron el dinero e hicieron la película. Fuego es sobre dos mujeres, quienes, ignoradas por sus respectivos maridos, eligen unirse mutuamente para confortarse y satisfacer sus pasiones, un tema que resultó controvertido para muchos conservadores en la India. Eventualmente el filme fue prohibido en el país. “Siempre que hago una película, es para mí la exploración de un tema por el que he tenido curiosidad, y tenía mucha curiosidad sobre lo que pasa cuando rompes las reglas o cuando cruzas el límite que la sociedad te ha marcado”.
Fue durante la filmación de Fuego, en 1996, que la actriz principal, Shabama Azmi, le preguntó a Mehta sobre su siguiente filme. “Le dije que sería sobre los conflictos entre Pakistán y la India. Me preguntó como se iba a llamar y así, solito salió y dije “Tierra”, y así fue como empezó”. Tierra se filmó en 1998 y fue prohibida en Pakistán por razones políticas.
La tercera y última película de la trilogía, Agua, iba a ser filmada originalmente en la India en 2000, pero un grupo de fundamentalistas hindúes quemaron el set y amenazaron de muerte a Mehta y a sus actores. Terminó filmándose en 2005, en Sri Lanka, con un reparto diferente.
Para Mehta, “los elementos naturales son algo que nos nutre, algo sin lo que no podríamos vivir. Todos los temas de sus películas vienen de políticas –políticas de elección, políticas de religión, políticas de guerra –y son como los elementos: nos nutren pero también nos pueden destruir”. Mehta dijo que no piensa hacer un filme titulado “Aire” como el cuarto elemento, porque un título así “suena muy vacío”.
Tierra, basada en la novela Cracking India de Bapsi Sidhwa, cuenta la historia de la partición en India en 1947 y los conflictos entre musulmanes, hindúes y sikhs desde el ventajoso punto de vista de una niña Parsi. Agua retrata la vida de las viudas recluidas en una casa de viudas en la India, a través de la mirada de una niña, viuda a su vez, de ocho años de edad.
“En Tierra, la heroína del libro en sí era una niña pues es una autobiografía. En el caso de Agua, pensé que era importante que fuera vista a través de los ojos o de la visión de una niña, porque los niños son inocentes, no tienen miedo, y llegan hasta donde otros no se atreven.”
Entre otros temas, Mehta habla sobre la violencia en algunos de sus filmes, particularmente en Tierra, pero sólo retrata las situaciones violentas de una manera tangencial y deja los detalles a la imaginación del espectador. “No me interesa retratar la violencia en detalle, sólo lo suficiente para hacer que la narrativa de la historia avance. Vemos demasiada violencia en el cine porque la violencia vende. Y es nuestra propia responsabilidad pues no las venden a nosotros; si dijéramos no a la violencia, esto pararía”, comentó.
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